LA CABEZA CALIENTE

No hay pudor en la gripe que ataca

trastornando, de juicio, la mente

y los pies, como nieve, se escarchan.

 

Pide el alma, con prisas, remedio;

las mejillas sonrojan de fiebre,

el sudor, por las sienes, resbala.

 

Con las tomas del ibuprofeno,

una taza de leche caliente

y los sorbos frecuentes de agua,

se aligera de agobio mi cuerpo

y reseca el sudor de la cama.

 

¡Con médico, siete días; sin médico,

una semana,

que se quede en suspenso la agenda!

doctorpoeta

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