
CON LO DE SIEMPRE, A BREGAR (¡Que no falte!)
No tarda el día;
cuela su luz por rendijas
y mis ojos, restregados,
se espabilan.
La noche va alejando su rumor,
cuando el gallo desgañita
y el tañido de campanas,
por fulano que murió,
gimotea cuando repican;
despejado me aseguro
que, el finado no soy yo,
aunque es pensable que podría.
El anhelo de los sueños
se resigna
porque el alma lleva poca gasolina
y con sucia calderilla, es difícil
repostar.
Hago intentos de arrancar,
para llegar a otra esquina,
pero, al contacto, girar,
hace el motor «gua, gua, gua»,
doliente de batería.
doctorpoeta
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