
HABLEMOS DE MEDICINA
Del seguimiento pediátrico del síndrome de ansiedad, cada vez más frecuente y que martiriza a tantas personas sin distinción de edad, incluso a bebés, he comprobado que podría ser más llevadero, para todos quienes lo padecen, comprendiendo qué es y por qué nos atrapa. Aunque parezca paradójico, hay que comprender su utilidad ya que los síntomas alertan de la contaminación de la mente y podría iniciarse, de manera precoz, el proceso de descontaminación. Se trata de un recurso biológico de aviso y, como tal, hay que considerarlo como un beneficio al servicio de la recuperación del equilibrio psico-somático. Por tanto, al percibir su desazón debemos ser corteses y agradecerle su cometido, con lo que se va a sentir, desde ese momento, una agradable sensación de alivio.
La segunda parte de su abordaje está fundamentada en sencillas técnicas de interceptación de los pensamientos negativos con sensaciones opuestas, conseguidas con la contemplación serena y gratificante de la vida, en su PRESENTE, disfrutando de las sencillas maravillas que nos rodean, como hechos y recuerdos gratos, paisajes, el vuelo de los pájaros, el olor a primavera, una canción, un verso, un beso, una flor, una sonrisa…
Convencerse de que, nuestra pasión, nunca, se va a ver complacida por los «barrios» de la complejidad y, sí, por el simplismo de la sutileza, es la clave y no es difícil ponerla en marcha por la senda adecuada
La firmeza en el autodominio, es dar un primer paso hacia la liberación de la dependencia de los ansiolíticos e ir retirándolos con dosis progresivamente decrecientes.
Con toda seguridad, mi comentario va a ser beneficioso para quienes tengan, a bien, poniendo en marcha sus sugerencias
Un fuerte abrazo
Dr. Antonio C. Rodríguez Armenteros
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