
ALLENDE LOS MAGUEYALES, EPITAFIO ¿PARA QUÉ?
Me llega una reflexión y enmudece mi silencio; reconozco que soy negativo cuando imagino quién, o quienes, tendrían la deferencia de dedicar un poco de su tiempo para, de soslayo, leer la losa de mi tumba, amablemente, donada por el seguro de decesos. Como si lo percibiera, además de con alguna flor, podría sentir un respiro con la retahíla atolondrada de un padrenuestro repescado en las Batuecas con el recado misericordioso de poner, en “tela de juicio» unos cuantos “pecaíllos”, no del todo perdonados. Vuelve a hablarme mi silencio, cuando creo resucitar con la sensación de sentirme el más feliz de los mortales al volver a mi playa desde la nada del ser, cuando llega el final de esta historia, tan ficticia como inverosímil.
Buenos días desde la sobremesa de mi desayuno, mirando al mar
doctorpoeta
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