
Tras la lucha cotidiana,
casi todo se ha quedado colocado
porque llega nuestra hora bien hallada
para, pronto, remediarnos en la cama.
Santiguados, calentitos, de la mano,
por la sombra de la noche que se apaga,
cuando cansados yacemos
en la rosa de los vientos confiamos,
para volar confortados
hacia el atrio iluminado de los cielos.
doctorpoeta.
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