ACOPLAR CUALIDADES

Los humanos encabezamos con orgullo la élite de las criaturas. Logro sin duda debido a un proceso inteligente de sinergia entre las diferencias biológicas y antropológicas entre los dos géneros que otorgó orden y estabilidad, hecho que no ocurrió con las demás especies.
Llevaría a la confusión, incluso al caos, alcanzar la igualdad rigurosa sin tener en cuenta la obviedad de los rasgos peculiares de cada sexo. Desde mi punto de vista, bastaría con actuar con justicia y energía sobre aquellos apartados donde existan claros desequilibrios de igualdad, sobre todo sociales y laborales y en aquellos cuyo objetivo sea la salvaguarda de la dignidad para, posiblemente, zanjar lo esencial del debate.
Las capacidades físicas, psicológicas y conductuales, que coexisten entre ambos géneros no equiparables, aunque sí acoplables y complementarias, fueron necesarias para el avance de la humanidad. Asumir su trascendencia, llevaría a armonizar las opiniones y evitar la confrontación.

La evidencia de que existen diferencias esenciales entre hombre-mujer, se argumentarían, en base a estas realidades:

El hombre es más rotundo en la gestión y la mujer más fina en la estrategia.

La astucia es más de mujer; el hombre tiende a la osadía.

El hombre erige con brío; la mujer cimenta con ángel.

El hombre exige; la mujer suplica.

El hombre piensa y no duerme; la mujer, durmiendo, piensa

Ama el hombre por entregas; la mujer que se enamora, entrega su vida entera.

En cuanto a la APTITUD y sus variables de cantidad y calidad, nunca se habrían de considerar diferencias entre los sexos. Sin embargo, la ACTITUD si evidencia diferencias normales, lógicas y explicables tanto, desde el punto de vista biológico y psicológico, como existencial.

Y en fin, impregnando el epílogo del comentario de un matiz, digamos que literario, concluyo reconociendo al hombre como un intrépido personaje de novela y a la mujer, como musa alucinante de un bellísimo poema.

Antonio C. Rodríguez Armenteros