
Mi imagen, que es penosa, cuando avanzo con boina, pantalón y suéter blanco por la ”cola” del infierno y por “cosas” de la bulla, he notado que se me ha partido un cuerno; se compensan mis defensas porque el otro, refinado y muy bien puesto, contra el vicio de un fulano, con bravura se abalanza, endosándole puntazos por el cuerpo y cornadas por la panza.
Tras la reja , que achicharra, me llegan risotadas del diablo, que, por un rato, ha parado para fumarse un cigarro, de arrimar más leña al fuego de alguien que se está quemando. Al creerme ya penado, hacia la entrada me acerco y una “dama” despeinada y maloliente, de indecencia presumiendo y abortista demacrada, me dirige un “mal de ojo”; mira al suelo, improperios escupiendo, y lanza gritos que me increpan: ¡vete al Cielo, que eres bueno; eres facha y tú no ardes! ¡quieres ser el primero en meterte en la caldera por machismo y privilegio…¡Joder!
¿Para qué salir corriendo si, en mi sombra, me estoy viendo? Voy, despacio, al Purgatorio, con la frente ya sin cuernos, uno más, de tanto abuelo, mártir del confinamiento (menos mal que de “eutanasias”, por ahora, me he librado). Pasándome de pesado, mi denuncia es contumaz, pero permanecerá cabal si lo exige el argumento.
doctorpoeta
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