Por mí sólo, no me valgo;

ni, mucho menos, cojeo,

ni, del equilibrio, sufro;

pero, bien, lo tengo claro:

si quiero, amable, el futuro,

tengo que ir agarrado.

Tenaz, busco un asidero,

pero siéndote sincero,

sería salvación tu mano.

Andaríamos por el mundo,

en el invierno de cumbres

y valles de copos blancos,

al calor de amor y lumbre.

En primavera de cantos

y sol de brocha suave,

que pinta de verde el prado,

por los claros del follaje.

Sería pasable el otoño,

junto a árboles pelados,

abrigándonos del viento

que, a las manos, no desate;

El verano, sería afable,

refrescándose de besos,

almas, que, en cueros, laten,

nenúfares, que se abren;

cisnes, que estiran su cuello,

al reclamo de su celo…

¡Y tanto amor, que flota y nace!

Responderían, nuestras manos,

a tristezas o entusiasmo;

con caricias, si hay dulzura,

y, con tal fuerza de daño,

que se quejen los nudillos

ante los tragos amargos.

¡Una vez que la has asido,

¡nunca la sueltes, mujer

no estoy cojo y tengo brío;

Que, aunque me lleguen alivios,

necesito ser llevado

y tu mano, hacia el destino,

no se suelte de mi mano!

doctorpoeta

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