
No es tan sólo, virar hacia el cielo, la manera exclusiva de llegar a lo excelso.
El vistazo, hacia abajo, tantas veces deleita que, conmoviéndose el hilo, se corta la charla y las manos, de pronto, se enlazan;
¡Qué hermosura ha llegado a los ojos que, topando la vista en el lago, saborean su reflejo! Y las manos, de nuevo, se aprietan cuando bailan las flores al vaivén de las ramas; por la senda que baja, llega el soplo de un aire cambiante, como arpegio de trompa que, al cerrarse la coda, trina un ruego que, prudente, interroga; cae pelusa de un ave incipiente que, anheloso, se excusa: ¿Este verde de sombra y de nidos es de hoja caduca?¿Quién de dudas me puede sacar y aclarar a papá y a mamá, si es seguro, en la casa, quedar o, es urgente, cambiar de lugar?
¡Pica el limbo, lo podrás apreciar! dice alguien…
¡Es perenne! Y las manos se aprietan, aun más.
doctorpoeta

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