Incrustada
en los recovecos del pensar,
maquina la razón;

mi sensorio,suspicaz,
repara en
la acechanza del mito:

De allende, llega el eco cálido
de arpegios y de incienso
y la premisa,
con frialdad hiriente,
reprende al serafín
su ostentación de hermosura.

En la corte,
sorprende la injerencia
de mi osado canto

que, en vano,
se silencia con vehemencia
por el coro intolerante.

Proclamado el silogismo,
mi credo desarraiga
y un algor aséptico
y refrescante,
dulcifica el despertar.

Proclamada la razón,
lo rebelde de mi alma
coge tono,
mientras lo dócil
implora en narcolepsia.

Arbitro la disyuntiva,
de efímera incertidumbre
y mis pies,
dispuestos al paso firme,
siguen su avance
para doblar otra esquina…

doctorpoeta

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