Pasan años y estaciones;
sobran los días con sus horas.

Desde éste, tu edén,
con tanto amor cultivado,
el néctar dulce y delicado
de sus incomparables flores,
riega el alma de frescura
al reclamo de los trinos
y la vida al despertar;

al reflejo deslumbrante
de la aurora,
los frutos sin veda
del árbol frondoso,
nutren la sangre de fuerza
y antojo
para, férreo, apuntalar
el desfiladero del llegar

doctorpoeta

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