
EL RIESGO, «DESPELLEJAR»
Llegan a mi evocación,
y no le ordeno callar,
las vivencias y bureo
en aquellos lavaderos
de usufructo vecinal;
yo era un niño, como tantos,
que agarrábamos un asa
de la cesta de los trapos,
con especial ilusión.
.
Sacaban los trapos sucios,
que, en pilas, seleccionaban
y, en la pila de lavar,
de casi todo se hablaba,
oportuno y primordial:
de vecinas y vecinos;
de los primos de Alemania
de los rezos, de los muertos;
del bendito cura nuevo
y lo bien que confesaba,
que “lavaba” lo prohibido,
lo mortal o venial,
con una salve, dos credos
y obras de caridad.
Y al final de todo esto,
cuando ya nadie miraba
y yo me puse a estrujar,
las bragas, fueron lavadas
¿Mi autoestima? ¡sideral!
doctorpoeta
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