En la adolescencia libre, sin sometimiento a la banalizada perversión, la naturaleza, mantiene separados los ideales de los atractivos del amor permaneciendo independientes, entre sí, las esferas psíquicas y el impulso físico. Surge el amor platónico primaveral, también observado en playas, piscinas y quedadas en la época estival, idealizado donde la fantasía limpia, florida e itinerante por paisajes alucinantes de color verde-pradera, pretende la fusión imaginativa de las almas, sin dar opción, aun, al sentimiento de “rojo pasión!: Sólo júbilo y orgullo, sin prejuicios, rebosan del corazón cuando el inocente y sublime escarceo de “coger la mano” genera un durable y mutuo beneplácito.
¡Pureza!
doctorpoeta
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