
Quiero echar mi barca al mar.
El tiempo metiendo prisa
me alerta desde la orilla
que está mi alforja enmohecida
y se puede desflecar.
Aún perdura el secano
y no es posible otra carga
que hojarasca y flor marchita.
-¡Un problema veo a zarpar!-
Digo al tiempo, que atosiga:
-¡nos tenemos que esperar
a que esté la mar tranquila-.
“¡No entiendo esa dilatoria,
porque la carga a llevar
es de pétalos heridos
y de hojas amarillas,
que vuelan como pavesas,
a merced del huracán!.
¡Venga va…
tanto mirar al vacío! …
Pero es que “aprieta” algo más:
¿No oyes la barcarola,
eco de canción lejana,
que llega desde ultramar?
No te puedes demorar:
¡muere por ti quien la canta;
ponte en la proa de la barca,
presto el laúd a afinar,
pues la letra pronto acaba
y la has de acompañar!”
doctorpoeta
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