
No es posible alcanzar el “paraíso soñado” sin armonizar, por un lado, la fuerza del poder sin que degenere a destructiva o abusiva y por otro, la aspiración humana con pretensiones de felicidad, tan idealistas que harían imposible su concretización. Sería pues ofrecer o prometer, ladinamente, una utopía irrealizable. Quienes lo prometen hablan para “clientes” ilusos
doctorpoeta
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