
Con frecuencia
se resiente mi algún sitio
y mi otro lado,
en vano, lo remedia.
Es un aire muy impuro
el que respiro
y mi alma, resignada,
seda cuenta:
Ve la llama que, con saña,
me consume;
ve mi miedo,
al que le gusta distinguirse.
Fui oxidado al nacer
y, cuando muera,
iré al nicho
digerido, chamuscado,
como lava con ceniza,
sin que tengan que agobiarme
los gusanos, con su risa.
Y es que infierno, habrá siempre;
por el mundo, a simple vista
y para nada,
voy a librarme, en la otra vida,
si es que el viento no ha
rolado del poniente
o acudido, siempre aprisa,
los bomberos que me asistan.
doctorpoeta, día tercero de noviembre
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