
Allá por mi nube estabas
porque escapaste del mundo
cuando contigo soñaba
y, triste y meditabundo,
en mi realidad quedaba.
Cuando oscurecía la noche
mi pasión no se cegaba
y, al rebotarme un reproche
con el eco de mi rabia,
con ansia, al cielo miraba.
Al contemplar las estrellas,
con la niebla se esfumaban
y la Luna, abriendo el cerco,
¿a quién de los dos miraba:
a mi vagar por la playa
o al carro de mi galaxia,
donde tus ojos brillaban,
medio absorto en la nostalgia.
Voy a exigirle a mi sueño
que me flete, pronto, un vuelo
hacia la nube lejana;
aterrizaré en tu anhelo,
y el alma, desempacada,
al calor de tu consuelo
se fundirá con tu llama.
Tu nombre musitaré
con los ojos entornados
y al sentir latir tu sien,
en mi pecho recostada,
tu cabello mesaré
con el candor de mis manos.
Los astros aplaudirán
y la Luna mostrará,
iluminando el amor,
todo el brillo de su cara
para esconder su rubor,
porque se lo exige el sol,
cuando llegue la mañana.
doctorpoeta
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