
EL ENCANTO MAQUILLADO
El antihéroe, figura políticamente correcta, emprende siempre la huida hacia adelante, sin mirar atrás, arreado por el miedo al ridículo; cosméticamente, se lanza de bruces al lago congelado, sin haber tanteado ni el fondo, ni el estado del agua y se presta a salir tiritando, aunque luciendo el cinismo de su risa sardónica; tiene aversión insuperable, no al fracaso, impensable para él, sino a que lo vean fracasado, sensación que maquilla, sin rubor, simulando, e incluso convenciendo de ser objetivo implacable, de la envidia y del recelo. Con frecuencia, hace ostentación de su don exclusivo para bloquear, con sus brazos, el tajo letal de la espada de Damocles.
Se orienta con su peculiar brújula moral, manipulada y desprovista de imanación hacia el norte, por él, decidido y se esfuerza, locuazmente, en introducir sus propios, e «impecables», valores, generalmente, distintos a aquellos, reconocidos y aceptados, por la sociedad en la que vive.
Con frecuencia, pueden encontrarse trazas de genialidad y sarcasmo en muchos de los antihéroes al uso.
Juicio de valor estrictamente personal; cualquier parecido con la idiosincrasia de ciertos patricios de la sociedad, es pura coincidencia
doctorpoeta
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