
BILLETE DE IDA
Viajo en el tiempo perdido;
una fuga de ilusión unta el camino,
aunque sigo la marcha sin derrape,
Intermitente, claudica
y encarama, hacia la inercia, mi
destino.
Es reacia a proseguir por las hojas
de la historia,
cuyo valor facial de la verdad,
infama por sesgado y peculiar:
Enaltece a adalides, laureados por
odiar,
en tragedias que alardean
del horror del holocausto;
a batallas, datadas con gloria,
que sepultan, con premura,
sin resquicio y sin reclamo,
sangre y honra;
a la clase dominante, en cada
tramo,
ocultando que el vasallo,
por oteros de suplicio y de miseria,
sin escudo y sin retorno,
van reptando por las zarzas
de la tierra;
a la verdad, moldeada si interesa,
con patraña, tan taimada
y tan bien puesta,
que, a la postre, tan ufana
se presenta
como hazaña paradigma de pureza.
Y ahora que me paro y tomo aire,
a la sombra del presente,
pasa un tris, que llega urgente;
estornudo en un instante,
y me dicen ¡jesús! desde el pasado;
Se evapora, de repente, lo logrado,
y decido recostarme, nuevamente;
me levanto y me lleva al porvenir,
lo ya andado,
avanzando, torpemente,
hacia su encuentro:
peregrino solapado, taciturno,
esperando su destino,
hacia lo incierto.
Enhebrando tantos hilos retorcidos,
va zurciendo, con empeño, los anhelos
y los golpes, tantas veces recibidos,
los hilvana con aguante y con lamentos.
Y la marcha sin regreso,
cuando arrostra, por vorágine agitada,
busca un lapso de solaz,
un reflejo cristalino y un acorde, entre el
estruendo.
Y en el remanso encontrado,
al amparo de una sombra en el silencio,
titubea, porque no tiene tan claro
si ha ganado algo de tiempo.
doctorpoeta.
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