
Es un aire muy impuro
el que respiro
y mi alma, resignada,
lo presiente.
Ve la llama
que, con saña, me consume;
y a mi miedo
al que le gusta distinguirse.
Fui oxidado al nacer,
y cuando muera,
iré al nicho
digerido, chamuscado,
hecho ceniza,
porque llama que consuma
la habrá siempre,
resistente al apagado,
en la otra vida,
si es que el viento que la impulsa
no ha cambiado,
ni acudido algún bombero
que me asista.
doctorpoeta
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