
En mi emplazamiento habitual de la playa fui abordado por unas personas, que sabían de mi profesión, para proponerme atender a un niño que presentaba, desde la mañana, fiebre alta y un intenso dolor en el oído izquierdo. Accedí con mucho gusto y de forma totalmente emérita por haber coincidido con mis días de vacaciones; mi único interés se centró en encontrar una solución rápida para paliar su sufrimiento.
Ya en mi vivienda lo exploré y descubrí que el dolor era debido a una otitis externa; es decir, la inflamación estaba localizada en el conducto auditivo y en la cara externa del tímpano. Este tipo de otitis es frecuente en épocas de baño y se debe a causas externas (agua que entra e infección secundaria) a diferenciar de las otitis medias cuya causa se produce desde dentro (moco que, desde la faringe, llega a la caja del tímpano).
Mientras llegaba un familiar de la farmacia, aplique calor local y mejoró el dolor.
Esta forma de otitis, cuya causa «viene de fuera», debe tratarse con gotas óticas. Sin embargo, las otitis medias han de tratarse con atención especial a fosas nasales y faringe (sitios del catarro), no es necesario aplicar gotas en los oídos, salvo que exista perforación del tímpano y ocupación del conducto (externalización de la otitis media) y sí antiinflamatorios, mucolíticos y antibióticos por vía oral.
Una vez que «llegaron las gotas», limpié el conducto e instilé la dosis recomendada. Di instrucciones sobre la frecuencia de aplicación, asocié analgésicos orales, insistí en el calor local y propuse controlar a la semana; hasta entonces, recomendé la prohibición del baño.
Dr. Antonio C Rodríguez Armenteros
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