¿PODRÍA ESPERARSE «SOBREACTUACIÓN» DE LOS VIRUS HABITUALES, HASTA  AHORA  ALETARGADOS? ¡ATENCIÓN ESPECIAL A LA GRIPE!

Es una posibilidad que, los profesionales de la salud, tenemos que de considerar y, por ende, estar preparados; la objetividad  inmunológica de la competitividad entre patógenos y el oportunismo microbiológico son fundamentos de la Infectología.

Desde que comenzaron, hace pocos días, colegios y guarderías ya atendemos en consulta casos de catarros virales y sus manifestaciones cuya aparición, al igual que la gripe, se reproduce de manera endémica estacional con ritmo anual, a excepción en la temporada de otoño-invierno pasada en la que, nuestros virus «domésticos» parecían haber estado de asueto. No sólo ya comenzamos a ver catarros habituales, sino también otras patologías achacables a adenovirus, coronavirus clásico (previo al sars2), virus sincitial, incluso gripe, que ya podría estar en fase de «calentamiento». El contagio se ve favorecido, de un lado, por la climatología de otoño-invierno que genera un hábitat idóneo para el crecimiento de estos microorganismos, a la concurrencia  escolar y, en mi opinión, a una cuestión de orden competencial; podría ser que la atenuación de la pandemia, «envalentonara» a las colonias de los virus «comunes» para acercarse al huésped, hasta ahora, sometido por la «superioridad» patógena del sars2.

En principio, estos virus estacionales deberían provocar un cuadro clínico, en teoría leve, aunque de trascendencia clínica variable; así ha venido ocurriendo, por lo general, en adultos, adolescentes y escolares sanos.

Se observa también una creciente incidencia de las llamadas bronquiolitis, objeto de un próximo comentario explicativo, causadas en general por el virus sincitial respiratorio, aunque también, por el coronavirus “clásico” no sars y otros; aparece con más frecuencia en lactantes y preescolares; adquiere particular agresividad en recién nacidos, cuyo seguimiento siempre será hospitalario. Por su creciente diagnóstico, merece una consideración especial para explicar, de forma,  comprensible, ¿qué es?¿qué alcance tiene?¿cómo actuar ante la aparición de un episodio?¿acudir a urgencias?¿puede esperar a la consulta ambulatoria?, ¿es catalogable de asma y, por tanto, de padecimiento crónico? ¿dejaría alguna secuela?

La mezcolanza de estos virus estacionales, con el sars-2 y la analogía de síntomas que, casi siempre, aparecen en el cuadro  pediátrico que provocan, sea cual fuere el agente, no deben plantear dudas al pediatra sobre  la estrategia a seguir. Desde mi experiencia, siempre hay que utilizar el filtro telefónico inicial que, aunque PROVISIONAL, podría aportarnos información sobre edad, síntomas predominantes, factores de riesgo, entorno familiar, laboral, área, población, antecedentes, etc.; los datos recabados, aunque fuera del contexto de la práctica médica, sí pueden ayudar a una primera toma de decisiones. La gran mayoría de contactos nos refieren síntomas moderados y leves y, ante cualquier indicio de recelo, se les debería facilitar cita para consulta presencial, con las medidas de seguridad exigidas para llegar a conclusiones sobre diagnóstico,  pronóstico y elección de tratamiento. EL AISLAMIENTO DEL VIRUS RESPONSABLE, a priori y, en la actual situación de la pandemia NO INTERESA (desde mi punto de vista); sería de una complejidad  que llevaría a dilaciones, preocupación, repercusiones familiares, laborales, etc.

La asistencia del pediatra no hospitalario debe ser siempre un filtro eficaz que ayude a evitar la sobrecarga de ingresos, así como el llamado hospitalismo, tan frecuente en el paciente ingresado, como en sus allegados; la consulta pediátrica debe centrar su interés en la evaluación del cuadro clínico y su pronóstico en el momento del primer contacto: la infección, si leve, es leve; si grave, es grave; si moderada es moderada; lo letal, es letal, sea provocado por covid, por coronavirus “clásico”, por virus sincitial, por adenovirus o por virus de la gripe; la atención hay que prestarla siguiendo de cerca los posibles cambios de pronóstico. La identificación nominal del virus y las probables repercusiones epidemiológicas, laborales, así como el rigor en las medidas de protección, etc. se habrían de dilucidar en función de la particularidad de cada caso.

Dr. Antonio C. Rodríguez Armenteros

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