
La mujer es comparable a un arpa, en maravilloso concierto, cuyo intérprete elegante y virtuoso eleva al clímax la sonoridad, acariciada por acordes, escalas y arpegios, tan oportunos como implacables. Destreza, intuición y sentimiento son imprescindibles para pulsar, en su justo momento, la excitación de cada cuerda.
doctorpoeta, feliz dominical, controlada la fiebre del sábado noche, de uno de mis nietos.
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