TRISTE FLORA TROPICAL

Cae, por su peso, el sol de agosto

sobre mi cuero, mi carne, mis huesos

y mis ojos, de cristales empañados,

miran con cara de pena.

La cigarra chilla ufana;

se está pasando el secano,

pero, a mi trotar, se calla,

aunque le tomo el testigo

y ¡que llueva!, te suplico.

Miro el cielo, luce raso

e igual respuesta sospecho

aunque te rece un rosario.

doctorpoeta, por su inefable camino

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