
¡VELAD EL AMOR!
Allá en mi nube estabas
y, aunque oscureció la noche,
mi pasión no se cegaba;
vislumbraba alguna estrella
que, del éter, se esfumaba
y la Luna misteriosa
¿a quién de los dos miraba?.
Desde mi esperar abajo,
vi lucir tus grandes ojos
y tu cara sonrosada.
Estoy pidiendo a mi sueño
que me aúpe a tu reinado;
cuando los pajes me abran,
tu nombre reclamaré
con los puños apretados.
Ya, en mi pecho recostada,
mis labios acercaré
a tus sienes perfumadas
y mesaré tu cabello
con el satén de mis manos.
Me asentirá tu suspiro
y después, ya relajados,
“hasta siempre” nos diremos,
porque, a besos, fue pactado.
doctorpoeta
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