
De la majestuosa, y temperamental, existencia del halcón peregrino, el animal más veloz y calculador del mundo, he aprendido que nunca lograré llevar la realidad a mis sueños sin, antes, haberlo tramado: un plan, sagaz y ágilmente orquestado, no sólo es necesario para instalarla en ellos sino, para que se «lleve mejor» con el cielo, entrando a ellos, volando por ellos y saliendo de ellos.
doctorpoeta
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