Decidí ejercer mi derecho a la reflexión haciendo un alto en el recorrido de la muralla de Lugo, grandioso resto arqueológico considerado, por la Unesco, Patrimonio de la Humanidad. Me pregunté si este tipo de monumentos suscitan, meramente un interés arquitectónico histórico, para asombro y deleite de quienes, como yo, nos recreamos en ellos o, si también, paralelamente, pudieran ser reconocidos como bastiones de la intransigencia, represores de la libertad . Es obvio que, en nuestros días, sigue teniendo vigencia la simbología de las murallas, en aquellos comportamientos, férreos y aberrantes, con los que, el acceso a la dignidad se bloquea con insidia y desfachatez. Antonio C. Rodríguez Armenteros
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