REFLEXIÓN POR NAVIDAD

La adversidad es cosquilleo, para el sentimiento encallecido de la indigencia y desgarro, para el sentimiento delicado de la opulencia.

Riqueza y pobreza son secuelas del fracaso social y extremos nocivos para la convivencia y sus factores. El exceso y el defecto no estabilizan, sino desconciertan. La felicidad, el ansia de vivir, el digno poder adquisitivo, la nutrición  adecuada, el tener ilusión, aspirar a una meta y luchar por alcanzarla, vivienda digna, ascendencia, descendencia, cultura,  vacaciones, evasión, salud  y todo aquello que gratifica y une, hay que encontrarlo, justamente, en la zona más tranquila, razonable e inteligente del status. Pues bien; las actuaciones políticas, netamente partidistas y personalistas, conducen, obstinadas, a desalojar a la sociedad de este espacio, generando división y confrontación, proletarizando vertiginosamente a las clases medias y, eso sí, elevando a la categoría de potentados a una minoría que, aupada por el privilegio y la extorsión, se erogan, salvo honrosas excepciones, la petulancia de ser redentores del mundo.

Dr. Antonio C. Rodríguez Armenteros