
Quedamos en la terraza
¡Todo tuyo, viejo amigo!
Y te lanzas a agraviar
lo longevo de mis canas,
con tu arrogante tupé.
A la vista de quien ve
y al «bramido» de tu charla,
presumes de tu memoria
que recuerdo poco o nada
y mi atención se resbala,
con tu prolija oratoria,
por la espuma de tu caña,
por un «taco», que entrelazas
y el soplar de tu garganta,
con humo que no me engaña.
Enardecida tu habla,
al frente de la batalla,
queda la mía en retaguardia
que contesta con pesar,
entre los tragos que amargan,
bien de humo, de cerveza,
de tu pipa, de mi caña
o del rollo que te marcas
Campa mi oído a su bola
cuando sacas, del archivo,
tus luces contra mis sombras;
varapalo a mi autoestima,
que quieres ponerla en solfa
aunque, sabes y no nombras,
el trazado de mi vida…
Y, a la hora de pagar,
me sorprendió tu escapada
con la excusa de orinar;
llegó pronto el camarero,
y el montante me dejó
famélico el monedero
y la sien para estallar.
¡Hasta siempre, compañera!
doctorpoeta
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