
Al esfuerzo del arado
y de su huella
y al quejido de cigarra
enloquecida,
siguen trinos, que remueven
el ramaje
y columpian la quietud
embravecida.
¡Viejo olivo,
retorcido por la historia
y, de sierpes, agarrado
a los limos del sudor
por la aceituna!
En las manos,
curtidas del esfuerzo,
duros callos,
van creciendo, sin lamento.
¡Presumida Loma altiva,
que, engalanada de plata,
el sol deslumbra su atuendo
y las calles de Úbeda y Baeza,
remozadas de nobleza
y suave brisa,
con olor incomparable
a aceite fresco,
en cosecha y monumentos,
rivalizan!
Los triglifos y metopas,
sobre campos platerescos,
enaltecen los blasones
del mejor Renacimiento.
Y las gárgolas, artísticas,
de leal recogimiento,
vierten, por la cuenca, al río
la demanda clamorosa,
reclamando el veredicto.
¡Viejo olivo!
Tu ilusión fue realidad:
con tus ramas decorado
y un heraldo que vocea
en el lema reza ya:
“Nunca, mejor patrimonio,
para tu orgullo y nobleza,
poseerá la Humanidad
ni nada que se le parezca”
doctorpoeta