
Pienso echar mi barca al mar y el tiempo me ha apercibido, por la orilla, pensativo. La carga prepararé que el verano se aproxima y rebosan mis dominios de hojarasca y flor marchita.
¡Me avergonzaría llegar con caduca mercancía y alego, como evasiva, que tenemos que esperar a que el temporal desista para, tranquilo, zarpar! Cuando sopla ventolera, muchos pétalos heridos y mil hojas amarillas caen, brincan y revuelan, como pavesa aturdida; no es mi estilo espurrear, pero también es verdad, que la carga se suaviza.
Hastiado de mi dilema, el reloj me recrimina:
-¡Vamos ya! ¿Por qué temes tu partida? ¿No ves que nos trae la brisa un son, de canción serena, que llega de la otra orilla y de noche se adormila? ¡Pues, cuanto antes, navega que tienes que acompasar los cantos de primavera; nunca temas naufragar, que la mar ya está tranquila, aunque siempre hay que contar con lo que el sino decida para el rastrojo quemar!
doctorpoeta
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