CALOR HUMANO
El granizo me ha inspirado,
pero estornuda mi musa
que, sonándose, tirita.
Varios versos congelados,
con vehemencia, le suplican
pasión y calor humano.
Al entusiasmo me incitan
y yo les tiendo mi mano,
componiendo de otra guisa:
Llega el amor a su cita,
sometiendo el ideal
a la demanda impaciente
del instinto que le atiza:
¡Ya hay ardor en la brasa del deseo!
Los dedos juguetean con la frialdad,
porque el calor se disipa con el vaho,
de tanto amor,
entregado en desafuero.
Funde el témpano de hielo,
el viento rola a solano
y el abrazo, incandescente,
se atempera con la brisa…
¡Albricias, que pasó la «gota fría»!
doctorpoeta,
