Hoy llego a comprender por qué el odio, y su asonada, son los asesinos depredadores del futuro; atizarlo, como interesa a la clase dominante, es renquear por niebla espesa hacia el porvenir. Estoy seguro que la solución pasaría por confinarlo, para siempre, en el nunca más; que los ecos se acoplen y nos alejen de esos mantras oxidados, tan pegadizos, como inútiles, también groseros y que, todos juntos, oteemos el horizonte para recuperar el precioso tiempo perdido por la estupidez. Después hablemos desde la inocente serenidad.
doctorpoeta, cordialmente.
