
TRAS LA «NOCHE TOLEDANA»
Amanece que, no es poco
y la hora, más propicia, ya ha llegado:
casi todo, huele mucho, a desnortado;
hace falta que recemos y saltemos de la cama,
santiguados y cogidos de la mano,
sin los miedos de la noche, que se apaga,
caminemos, avancemos, como pocos;
en la rosa de los vientos confiemos
y nos lleve, desde el sueño puñetero,
hasta el atrio, de aquel cielo,
por las cumbres de los sueños más
humanos.
¡POR FAVOR, NO NOS PISEMOS!
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