¿DE QUÉ?
La cuestión lleva implícita respuesta, salvo que sea un erotema.
Cuando menos, es curioso, vuestro afán por razonar, a preceso bloqueado, por una idea contumaz:
«Tú eres malo; yo soy bueno y no se puede dudar».
¡Jesús, que barbaridad! ¡Vivís presos de un «talante», lejano a la realidad!
Lo peor, que lo sabéis. ¡Que vuestra pieza, a cobrar, bala por la ingenuidad, y sin la cuál no sois nada!
doctorpoeta
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