
En mis estudios con eco
trato de buscar, pasmado,
la base de la “teoría”
de que el feto no es humano.
Esta hipótesis sectaria,
a la ciencia, tumbaría
pues, del embrión mutado,
rana o sapo surgirían.
Pronto, a las siete semanas,
nos descubre el monitor
que los miembros, ya formados,
no son pezuñas ni alas;
son deditos que se abren
y se cierran con fruición,
al igual que el corazón,
con cavidad conformada.
Llega la trece semana
y es creciente mi intención
de querer mostrar su cara:
la boquita que abre y cierra;
las facciones bien marcadas
y al cambiar de posición
ya la encontramos cerrada.
Busco, en la quince semana,
su estructura cerebral:
los surcos, las fontanelas
y el eco ventricular.
El núcleo del sentimiento,
emoción va a descargar:
se acelera el corazón
y el Doppler va a registrar.
Control de veinte semanas:
esta ocasión en 3D
y una impresionante imagen
obtenemos del bebé:
El sexo se ha confirmado,
ya bosteza y mueve un pie;
la cabecita y las nalgas
las desplaza por doquier.
Cierto es que mucho duerme
mas despierta alguna vez
y las ondas del cerebro,
cambiantes, se pueden ver.
Si la succión de su dedo
le genera gran placer,
el estrés de un mal momento
hace al trazado correr.
Cuando ejecutan condena,
presiento su adusta frente,
arrugada como el miedo
y un grito que nadie siente…
Dr.Antonio C. Rodríguez Armenteros