
¡MI VIDA POR LA DE UN NIÑO!
La coda, descompasada,
enmudece de emergencia:
Sube música de fiesta
que ha parado bruscamente;
los arpegios se deshacen
ora blancas, ora negras,
ora un silencio insolente
y toda la tierra tiembla.
Bajan lodos, arrastrados por
la inercia,
ora sangre, ora pena,
aguas turbias, hambre, quejas;
ora broza chamuscada,
estructuras que revientan
y vidas pidiendo muerte.
Por el vial del desastre,
bajan, rodando, los cuerpos;
pocos son los agarrados,
que ora gritan, ora rezan,
y, los que, enterrados, quedan
¿qué respiran, si no hay aire
y ya no gritan, ni ya rezan?
Ripios ruedan, polvo y cieno,
por los caminos de nadie;
los acompaña el silencio,
que de la fiera de dentro,
sólo se salvó un cadáver.
Enmudecen las conciencias,
en la oscura noche aciaga,
cuando, malogrados, llegan
incontables, miles, cientos,
y, algunos, hacía un momento,
benjis y qudouds cantaban.
Un arresto de mi fe,
con decepción y respeto,
con vesania refrenada,
al Dios Supremo le increpa:
¿Por qué siempre, el mismo, paga
y, el de siempre, se escaquea ?
doctorpoeta
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