Un silencio se doblega,
complaciente,
a la música que asombra;
a la risa que contagia;
a los castillos de arena;
a la espuma de las olas…
Pero ruge otro silencio,
melindroso,
que protesta de un poema
prodigioso,
recitado por el vate,
que, cualquier limosna, espera
Es quimera,
y los versos van llegando
de aquel lado,
no, como besos de brisa,
que debieran;
sino vanos, trastocados,
malsonantes, dislocados,
tan callados,
que sólo, el poeta se entera.
Muda ofensa, traicionera,
que traspasa la barrera del
sentido,
y sólo la acusa un oído,
como histeria incontestable,
aunque el mar navegue en
calma.
Y, renace mi recelo, sin saber
por qué parte…
doctorpoeta, recordando la trova del ciclón que, azuzaba las olas
y borraban pisadas de arena del amor. que jamás regresó.
doctorpoeta
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