
Me gusta cuando hablas,
aunque, mucho, cuando callas.
Cuando mi alma reposa,
con tu silencio de noche,
se desvela con los astros
que, entusiasmados, se
encienden.
Aun así, cierro mis ojos
aguardando, en torno al alba,
el ajetreo de los gallos,
el repique de campanas,
en los campos, la besana
y la luz sobre la sombra…
Y sale tu hablar a escena
que, con los rayos del sol,
recién llegados del cielo,
tu “te quiero”, me despierta.
Tu callada fue esperanza,
porque sorprendió tu voz
al albor de esta mañana,
cuando trina el ruiseñor.
Como un sueño, tu relato,
ha repoblado de flor
los parterres de mi alma
y, de verdor, su enramado.
doctorpoeta