¿Quién mora en la eternidad?
En el eón nadie cabe
y quien, hacia lo eterno, va
de la órbita se sale.

Puedo, en la noche, añorar
la verdad del firmamento;
los astros deben girar
mas, lo supongo, sin verlos.

De la luz de las estrellas
no se puede renegar;
no alucino, no estoy ciego
y ¿quién las encenderá?

Nadie ha subido al lugar
con antorchas o mecheros;
sin aire de respirar
es imposible explicar,
lo cierto que brilla el cielo.

Ir, en el vagón del tiempo,
no da la opción a pensar
la forma de gravitar,
sin llevar mecha y con miedo,

Ni en la luz del sol pensar
o en las fases de la luna;
ni en la mascletá de estrellas,
meteoritos y en el alba inoportuna.

Ni en valor, que asuste al miedo,
o en la sombra sideral
o en fotos, si las hacemos.

Ni en paisajes que conmuevan,

o en el repicar a gloria,
o en rosal de primavera.

Ni en nardos o en caracolas;
ni en besos de dulce aroma,
al frescor de la pradera.

Faltan cumbres, no hay abismos;
no alucinan las leyendas,
ni se ve verde la hierba
y los dioses del Olimpo
se refugian, bajo tejas,
para que nadie los vea.

doctorpoeta

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