Pongámosle olvido al llanto y, enjugado, empecemos otra vez con paciencia y paso firme, hacia el ayer, cuando aun no hubo tropiezo en el oprobio .
¿Existe acaso diferencia?
¿Hay un muro entre tú y yo?
Solo fueron tres palabras mal dicentes.
¿Por qué pena? Si aquel fruto no cayó
y, aunque ingratos los murmullos de la gente,
la alianza que juramos se rompió.
No es muy bueno repetir lo que fue dicho.
sobre todo si ya se ha hablado con razón,
tras haber llorado tanto por lo mismo…
Hoy nos toca hacer silencio y sonreír,
porque lo malo pasó y es un sentir que nadie a nuestra vuelta se opondrá.
¡Cruzaremos, las palabras, con más juicio!
doctorpoeta