
BARRIO MARGINAL: A PROPÓSITO DE MI PASEO MATINAL EN EL QUE MI ÁNIMO HA SIDO SOLIVIANTADO POR UNA SANGRANTE REALIDAD.
Las clases marginales van quedando, a mi juicio, más estancadas: su dignidad no despega sometida al efecto pernicioso de caer, en saco roto, las expectativas de reposición que nunca llegan, o lo hacen de forma esporádica e inadecuada, son arbitrarias y rezuman demagogia. Escenas que he tenido ocasión de contemplar, inexplicables en una sociedad del siglo XXI, ratifican mi conclusión de que, pasan años, y la marginalidad se va extendiendo en el espacio, de manera exponencial en cuanto a deterioro, población afectada y aislamiento, en lugar de ir, paulatinamente, aunque con paso firme y decidido, integrándose de forma activa y edificante, en el clima afable de una comunidad civilizada.
Relegar, por su ineficacia, las actuaciones llevadas a cabo hasta el momento basadas en el mesianismo, la mísera subvención anquilosante, el “otra cosa no se puede hacer”, los lavados de mente donde sólo cabe el exclusivismo, es perentorio; no es fácil aplicar fórmulas mágicas aunque no del todo, utópico. ¿Por qué no, desde la base de una EDUCACIÓN ASÉPTICA, REALISTA E INTEGRAL y la creación de PLANES DE ACCIÓN COMPLEJA donde confluyan actuaciones socioeconómicas, laborales, financieras, políticas, sanitarias, psicológicas, sobre alcohol y drogadicción, seguridad, asociacionismo civil, actividades lúdicas, recreativas y deportivas, podría ser la línea de salida para alcanzar grandes metas? Es preciso conseguir que estas personas aporten a la sociedad beneficios generados desde una ambiciosa ACTIVIDAD y que levanten, con decisión, sus posaderas del OSTRACISMO, que nunca las va a sacar de la miseria, el desencanto y también, en tantas ocasiones, del desprecio.
Dr. Antonio C. Rodríguez Armenteros.
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