Merodeas,
por las fuentes del enojo,
a riesgo de salpicarte;
aunque saltes, lo haces tarde,
y el tropiezo, que es probable,
desaloja la en un instante,
del talante,
el salpique, refrescante,
afectivo y abordable.
No es de esperar, lo que eres,
cuando lo pretendes ser;
pero llega y no lo esperas
o, se aleja, aunque lo anheles.
No te valen,
sin cristal,
las pupilas bien abiertas;
miras con aflicción,
la flor marchita
y al mirar,
tu consuelo es comparar,
mostrando tu lozanía,
ante, su daño, implacable.
Merodeas, por la fuente del pesar
y te ha salpicado de daño;
aunque saltes, lo haces tarde
y el tropiezo,
que es probable,
desaloja la sonrisa, en un instante.
Merodeas, por la fuente del delirio
y te salpica su ensalmo;
aunque, saltes, lo haces tarde,
y el tropiezo,
que, es seguro,
desaloja la cordura, en un instante.
doctorpoeta
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