Tres son los pilares fundamentales de su puesta en marcha: progenitores, maestros y los equipos médico-psicológicos. Cierto que siempre hay intentos advenedizos, movidos tal vez por otro tipo de intereses, de otros profesionales sin poseer la competencia precisa.

LOS PROGENITORES. En general, la niña y la joven acuden a su madre en demanda de información, pero en lo que se refiere al niño hay más derivaciones si bien, muchos niños están más habituados a tratar con sus madres y es también a ellas a quienes dirigen sus preguntas. El padre, por lo general, por circunstancias socio-laborales que contribuyen a hacerlo casi un extraño, sólo tiene ocasión de cambiar impresiones con sus hijos durante el fin de semana por lo que, el contacto con la madre, es más constante.

Como en tantos otros aspectos, en la educación sexual de los hijos, es indispensable una estrecha colaboración entre el padre y la madre; si uno de ellos ha respondido a una pregunta importante, debe comunicar al otro cual ha sido la pregunta y la respuesta, pues sucede a menudo que los hijos “tantean” con la misma pregunta a ambos por el deseo de recibir información complementaria o simplemente con la idea, quizás suspicaz, de comparar las respuestas.

Es frecuente que los padres, ante el diálogo sexual con sus hijos, puedan manifestar dos tipos de reacciones: miedo a no estar suficientemente preparados y/o “pasotismo” e incluso hostilidad, propiciada por considerar el tema tabú o libertino. En estos casos, el padre, la madre o ambos, abandonan a la “suerte” de sus hijos la problemática sexual, con el consiguiente riesgo de desviaciones. Importante, pues la estrategia formativa en el ámbito familiar.

Los hijos-as, en relación a su inquietud sexual, pueden dividirse, a grandes rasgos, en tres grupos: los que no hacen preguntas y, por ende, no desean explicaciones; los que preguntan pero que, muchas veces poseen ya información y desean contrastar opiniones y quienes, desde el abordaje racional de esta realidad, inician un diálogo en casa, amable y distendido, sobre estas cuestiones de vital importancia; es aquí donde radica la dificultad del problema. Continuará

Dr. Antonio C. Rodríguez Armenteros

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