
¡YA MISMO!
Para acuarelas de ensueño,
posa en el monte la hacienda
y las pinceladas plasman
azul claro y sombra fresca;
palomas que toman vuelo
y planean sobre los pinos;
en las encinas entonan,
los jilgueros, bellos trinos.
En las vidrieras del porche,
eucaliptos se reflejan,
con fragancias a tomillo
y a claveles de la reja.
Delante de la vaguada,
las hiladas de olivares
por la campiña de plata,
mucho, en el lienzo, resaltan;
con las ramas bien repletas,
la trama es sutil belleza
y una digna recompensa
al sudor y la destreza.
Traspasados los umbrales,
hay colorido de fiesta:
tono amarillo humeante
de las ascuas, se despierta.
Con regusto a Andalucía
se ha “arrancado” una guitarra
y un fornido “pata negra”
muestra, en las vetas, su raza.
Un cante por “seguiriyas”;
de Sanlúcar, manzanilla;
de El Alcázar fría cerveza
y en la brasa, chuletillas
para reponer las fuerzas.
Antonio C. Rodríguez Armenteros