
CORAZONES DE PALMERO
Son destellos de luces infernales,
que el fragor de las estrellas, anonadan.
Rilan, tiemblan y se queman platanales,
los hogares de la Palma que se queman
con la lava que devasta sus umbrales
y el violeta de las malvas, se demacra.
Nadie en casa, ni siquiera los zagales,
que arrimando las mangueras ya no juegan,
ni se alejan del horror, que todo anega.
No existen claros; se infiltra el humo,
y fumarolas, tonos negros, tonos blancos,
vierten al aire, por el azufre, contagiado
La eclosión es desconcierto:
se amilanan los rebaños y pastores,
como el perro que el ladrido suena a grito,
por la angustia, de sentir cerca los horrores.
Si la muerte no ha llegado, hasta el
momento,
vive el alma, soportando sus temores
y la flor que convalece, en la floresta,
al regarla con la queja de mi llanto,
a pesar de ser rastrojo en un barranco,
aún así, renacerá su malva intenso.
¡Seguro!
doctopoeta
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