A IMAGEN Y SEMEJANZA

Soy imagen de Dios y siento, con Él,

que todo presiento, sea bueno o sea malo,

sin pizca de miedo;

que todo lo sé, y si ignoro, también.

Pronto quiero saber 

si soy fuego, o soy hielo.

Comparto, con Él, el aire y el vuelo;

regreso después, consciente de ello

siguiendo la luz que me ha de alumbrar;

y a mi casa regreso.

En tierra me quedo

rezando a la imagen que tanto venero

y luego, al dormir, se mofa de mí,

jocoso y jovial, nadando en el mar;

lo quise seguir y me desperté y.ya no me

hundí,

pues es obviedad que no sé nadar.

Y el agua bendita que, amable, me entrega,

de pronto salpica y lloro de pena;

las nubes, vapores del alma,

condensan los cielos;

los ángeles cantan

y el plasma regresa por redes de arterias

y venas

que riegan el cuerpo e hidratan mi esencia.

Del orto me llegan los rayos de sol:

si, suaves, me besan; después me dilatan

y, si aguanto, me queman.

A mis pies, deja puesta una sombra del árbol

de ramas espesas  

y sentado, domino la tierra mundana; prodigios

me esperan:

Descansando, algo pasa:

Me levanto hacia Dios y me subo, desnudo,

por el árbol trepando,

a un mullido de ramas;

me acomodo mirando las hojas que caen

hacia el suelo. 

Me insisten abajo; ¿bajaré?

Son finitas, caducas

y, afirmado mi arraigo,  

¿cuánto queda de don infinito si salto

y me mato?

Allí veo el cementerio, aunque sea casual,

porque pienso, como un carcamal,

ascender hasta el cielo, si luego da igual…

¡Y mi amor, se cansó y me dejó!

doctorpoeta

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