HABLEMOS DE PEDIATRIA. LA ADOLESCENCIA ME “MOLA”,

No hace mucho, ecibí en consulta a una chica de quince años, acompañada de sus padres. Buscaban mi asesoramiento y conducta a seguir, al haber aparecido.de manera solapada,aunque progresiva, el enfriamiento de la relación de ella, hasta entonces normal con su entorno familiar.
Planteé el acto médico en dos partes, separadas; la primera con la presencia de los tres miembros de la familia y la segunda, solamente, con ella. Los adolescentes consideran la salud como dependiente de “algo de fuera”, por lo que eluden tomar parte activa en la prevención y en el tratamiento de sus males, orgánicos o psicológicos; o sea, en general, pretenden “pasar» de estas situaciones. El papel de la familia es, pues, crucial, para acercarlos al médico. Comencé tomando buena nota, en su historia, uno por uno, de los datos de su comportamiento y estilo de vida: conductas alimenticias, relación con el entorno familiar y su comparación con la ejercida en su entorno social y afectivo, progresión en los estudios, probable actividad sexual, afinidad hacia las actividades de riesgo, consumo de alcohol y otras sustancias adictivas, actividades creadoras (música, literatura, pintura), prácticas deportivas, etc. Mi posición fue desenfadada y cordial, con objeto de ganarme la confianza para que, la segunda parte del interrogatorio, solos los dos, fuera lo más eficaz posible, intentando exteriorizar las circunstancias de su vida interior: imagen de sí mismo, proyectos, deseos, angustias, inhibiciones, fobias, etc.
Recogidas las respuestas, me propongo encasillar el caso y ver si se trata de un cuadro, puramente conductual, una etapa, que mueve únicamente a preocupación, o, por el contrario, existe un comportamiento patológico que tengamos que abordar desde el punto de vista clínico. A estas edades son frecuentes y de distinta intensidad, los conflictos con la familia y la tendencia a darle mayor relevancia a las opiniones y comportamientos de los amigos; comienzan a observar su cuerpo, despertándoles actitudes narcisistas; el desarrollo de su inteligencia les hace ser más reflexivos y, sus opiniones más críticas, con rasgos de obstinación sin argumentos y tendencia a contradecir; sus cambios hormonales, les lleva a la necesidad de amar, por lo que, en estas etapas, aparece, el llamado, primer amor; el grupo social pasa, de camaradería, a pandilla donde casi siempre se idealiza al líder y, los artistas y cantantes de moda se tienen como figuras arquetipicas y en el ámbito familiar, es frecuente que aparezca el mutismo, con bloqueo tanto verbal como negacionista para las confidencias utlizando como respuestas, monosílabos y desmarcándose, de desvelar, sus intimidades o secretos.

Para el tema que nos ocupa, tras la anamnesis pretendidamente exhaustiva, opté por solicitar una evaluación multidisciplinar por la que padres, médicos, profesores, psicólogos, amigos y allegados habrían aportado datos imprescindibles para llegar a un acertado diagnóstico en comparación con los parámetros de comportamiento, más genéricos, en estos grupos se edad. Estableceremos, si existe situacion de riesgo, en cuyo caso se optará por la profilaxis, si existe verdadero deterioro de la personalidad, susceptible de terapia, o, si no pasa de ser una simple variante de la normalidad, temperamental o del carácter. Esta posibilidad es la que intuyo más cercana a mi conclusión. De cualquier forma, en todo caso y hasta elaborar la estrategia de actuación tras recogida de resultados, para determinar la envergadura clínica, comencé por aleccionar intentando convencer a esta preciosa chica, pata que tenga en cuenta que, no todo se puede solucionar por ella misma, y que no deben “tragarse” su deseo de ser ayudados.cuando lo necesiten. Sus frecuentes posturas radicales.se podrían suavizar con un diálogo ameno y razonado tendente al convencimiento; su reacción, no la va a llevar a ningún lado. Indiqué a sus padres que, si tuviera un tono alto y/o agresividad, habría que ignorarla en ese momento y, ya en calma, se le haría una llamada a la recapacitación. En mi opinion y, así aconsejé, la casa familiar debe estar, siempre, abierta a la pandilla; por momentos, aparcar la función de padres y ejercer de colegas en el trato y en la conversación. El buen ejemplo de los padres, organizando actividades, en las que, participen todos, podría ser decisivo.

doctorpoeta

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