
El soplo de viento, que cae de la cima,
acama las siembras que frenan su afán
y compone con trinos la dulce canción
que la dicha interpreta;
ahora, el aire es aroma destilado en
senderos,
al albur de ventanas abiertas de amor;
la montaña se allana, sólo queda un otero
que vigila los sueños y contempla la vida:
es también mirador;
como el campo se ensancha se creció el
panorama,
la inefable alegría se percibe mejor.
Molturando las piedras, las olas se suman
a la bella sesión,
se receba la playa de arena de dorado
semblante
y de fondo, luce el día su talante a bañistas
que toman el sol.
No hay arrastre de cadenas y tampoco
mascarillas, la distancia se aproxima
y con sólo un extractor se están tirando los
“humos”,
que exasperan, idiotizan, esclavizan al dejar
su mal olor
doctorpoeta soñador