
El debate, a mi juicio, fue ganado por quien demostró compostura, seriedad y argumentación y, por ende, quien supo transmitir confianza e ilusión a la cuota de pantalla. El político, como el médico, han de actuar demostrando, paso firme, en la aplicación de sus remedios; también, integridad, siguiendo las sendas de la ética y del realismo, y nunca con frivolidad, autocomplacencia engañosa, prejuicios descabellados y agravios tóxicos, que no harían más que ensombrecer el pronóstico.
doctorpoeta
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